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Se nos fue el ‘Gordo’ Araya

TRISTEZA EN ELORTONDO

Nacido en Carmen en septiembre del ‘60, hijo de Pascuala y Juan, siendo el cuarto de los 18 hermanos marca Araya, el Hugo, o el ‘Gordo’ como lo conocíamos, fue el paradigma de ser el amigo de todos y el enemigo de nadie bajo cualquier circunstancia.

Jorge Toscano
Nacido en Carmen en septiembre del ‘60, hijo de Pascuala y Juan, siendo el cuarto de los 18 hermanos marca Araya, el Hugo, o el ‘Gordo’ como lo conocíamos, fue el paradigma de ser el amigo de todos y el enemigo de nadie bajo cualquier circunstancia.
A Elortondo arribó por cuestiones laborales y también deportivas, buscando continuar su carrera como arquero en el club Peñarol con el antecedente inmediato de haber sido, primero, el nueve de la inferiores de San Jorge, para transformarse en custodio de los tres palos una vez que faltó el guardameta titular de la cuarta del Santo Carmelense.
Así fue entonces que en Peñarol pudo consagrarse campeón en Reserva allá por los comienzos del ‘90, a la vez que un tiempo más tarde, y luego de haber tenido un serio ac-cidente automovilístico, dejó la práctica activa del fútbol para convertirse en canchero del ‘Luis P. Rossi’ y utilero de la Primera División.
Era el clásico tipo al que todos lo mirá-bamos con un dejo de duda ante cada comentario que hacía, puesto que, con la mejor cara de serio, no se sabía si lo que contaba era verdad o mentira.
Fue ayudante en la panadería de Biolatto, el asador oficial en Tora-Tora y en muchísimas de las habituales peñas; fue el alineador de las cubiertas en los autos de carrera del Juanchi, cumpliendo también el rol de cocinero en los motor-home de Bertozzi Competición.
Fue el que nunca les presentó una novia a su familia, pero claramente se sabía off de récord que algo tenía en cuestiones de amorío, con una virtud que no pasa desapercibida en este rubro, ya que se caracterizó por te-ner muchas amigas que les confiaban sus secretos de alcoba sabiendo, claro está, que el Hugo las escuchaba y algún consejo les dada, pero nunca las iba a mandar al frente.
Fue el tipo que siempre iba alquilando de casa en casa hasta que un día la suerte le sonrió y se ganó un auto en la rifa de Pe-ñarol que le permitió venderlo y armarse de su techo propio en calle Malvinas. Aquel hecho fue puntual en su vida y aún recuerdo su declaración de la cena que se ganó el Golcito: “fue gracias a Veneno Gianasi, él me pagó la rifa, si yo no tenía un mango”, dijo. Fue el que, sabiendo que su sobrino preferido, el ‘Santy’, este año no iba a seguir en Peñarol, el que hizo las gestiones para ficharlo en San Jorge en la que también él se metió como masajista, una verdadera excusa para acompañarlo al ‘Santy’.
Fue el acérrimo hincha de Boca con la portátil pegada a sus oídos para saber cada resultado del conjunto de la Ribera, como así también de todos los resultados de la Liga.
Es el querido Hugo Oscar, ferviente creyente de la Iglesia Cristiana Evangélica  que partió el pasado viernes envuelto en la bandera de Peñarol para seguir con las jodas mutuas que se hacían con su amigo ‘Veneno’. En Elortondo y la zona, esa sonrisa pícara y ese gesto bonachón, se van a extrañar.

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