Venado Tuerto

Galpón del Arte, treinta años de sueños realizados

REFERENCIA CULTURAL DE LA CIUDAD

Un edificio no está construido solo por ladrillos, y mucho menos uno con la historia que tiene el Galpón del Arte. Ese espacio, que está celebrando su cumpleaños número 30, está hecho de pasión, de sudor, de amistad, de enojos, de abrazos, risas, discusiones y amor, mucho amor.

Hecho de gente, de muchas caras que estuvieron, las que están y otras que llegarán mañana. Un lugar que es referencia ineludible de la vida cultural de esta ciudad.
Aquel lejano 10 de enero de 1987 vio nacer a una institución independiente y sin fines de lucro, y 30 años más tarde “tomamos dimensión de cómo el tiempo pasó y nos habilita al balance que muchas veces nos castiga y otras nos halaga”, sintetiza Oscar Villarreal, uno de los que estuvo siempre, hoy presidente de la comisión.
Cuando se evoca aquel punto de inicio “se nos vienen a la memoria un sinnúmero de caras de compañeros, amigos, actores, espectadores, socios, colaboradores, que hicieron posible esta experiencia de vida. Una historia de generosidades, y no hablo de lo económico, sino de gente que donó su tiempo, a veces poco, a veces mucho, y algunas veces casi una vida”.
Para Villarreal, ser parte de esta historia social, es “ser parte de un grupo que cree firmemente que el arte es fundamental como herramienta de cambio, como espejo donde verse reflejado, para ver como en una lupa aumentados nuestros defectos y virtudes como seres humanos”. 
Con casi sesenta obras estrenadas, con talleres dictados a lo largo de muchos años, “hemos formado no sé si actores, pero sí espectadores calificados, siendo además base para la creación de otros espacios, enriqueciendo con su caudal humano el quehacer teatral de otros grupos y escuelas”.
‘Palito’ Villarreal, que junto a Ñoti Martínez y Adelqui Botazzi pertenecen al selecto grupo de los que estuvieron en los treinta años del espacio cultural, considera que “esto que fue una utopía en tiempos de desasosiego, es hoy lugar de contención de nosotros y de muchas otras generaciones. Esto que soñamos y que fuimos construyendo con el derrotero de cada día, hoy nos permite una base sólida desde la cual volver a soñar”.
Por eso, para no quedarse en los logros, la aspiración es renovar los anhelos: “Si tenemos una sala, hay que pensar en dos. Si tenemos un elenco estable, hay que pensar en varios elencos montando simultáneamente. Si produjimos dos montajes por año, por qué no pensar en cuatro”, remarca.
En definitiva, Villarreal concluye: “Si algo hemos aprendido es a disentir para confluir luego en una idea superadora, a discutir sin enojarnos, a confiar en el otro, a querernos, a pensar que esta experiencia nos engrandece, nos honra, nos agota, pero también nos da sentido de trascendencia, y una profunda felicidad cada día”.

El crecimiento
Cuando ya hacía mucho tiempo que el Galpón era lo que es en términos de representatividad cultural dentro de Venado Tuerto, se produjo el gran quiebre con el subsidio del Instituto Nacional del Teatro que permitió realizar la ampliación edilicia: “En el Galpón siempre fuimos cuatro o cinco personas estables, limpiando los pisos, el baño y actuando. Cuando se presentó la posibilidad de acceder al subsidio en 2009, que permitió la construcción de la nueva sala, los mayores espacios permitieron contar con más talleres de teatro, sumar otras actividades e incorporar el bar en el frente, que se concesiona para generar los ingresos que permiten solventar gastos”, explicó Cielo Romero, otra de las referentes históricas.
Ese crecimiento edilicio hace que hoy circule una cantidad de gente muy importante por el Galpón, que asiste a los talleres de telas, de niños, de adolescentes, etc. Como testigo de aquellos años, quedó la pared de ladrillo visto de la entrada, que además luce afiches de buena parte de las obras presentadas.
“Quién no recuerda maravillosos momentos vividos con ‘El Fantasma de Canterville’ o ‘Guernica’, y también con igual importancia las memorables jornadas donde actores de talla como Norma Aleandro, Alfredo Alcón, Soledad Silveyra, Alberto Segado y Juan Carlos Thiel trajeron su arte para comenzar a consolidar a aquella utopía con la compra del Galpón en calle Chacabuco”, rememora Horacio Nicolari.
Y luego llegó el crecimiento celebrado por todos, pero que también generó sensaciones encontradas, porque “en 2009 comenzó una mutación que dolió en las entrañas de los que vieron desaparecer imágenes, olores, música, tardes de mate en la mítica ‘cocinita’, que eran cuatro paredes precarias con un techo de chapa ruidoso”, agrega Nicolari.
Entonces nació otro lugar “donde hoy cientos de personas llegan y se van, el lugar de los mates ya no está igual, sin embargo los mates están, la música sigue estando, los olores cambiaron pero se los percibe y los sentimientos han mutado, algunos conservan la nostalgia por aquellas cuatro chapas y otros sólo escuchan de aquella historia”, señaló.

El encuentro
Fue así que el último domingo de julio se realizó una jornada de integración “para vernos las caras y conocernos todos los que participamos de este espacio, en lo que fue una actividad muy emotiva”, describió Cielo. “Se sabía que sería una jornada de capacitación y entrenamiento, sin embargo eso solo fue el medio para cruzarnos y reconocernos ocupantes de un lugar, nuestro lugar, y ese sentimiento nos permitió durante cuatro horas entender o comenzar a entender qué significa ser Galponeros”, amplió Nicolari.
La jornada se inició con un recorrido por la historia del Galpón a cargo de Ñoti Martínez, desde aquel grupo de jóvenes soñadores a ser un espacio referente cultural de la ciudad. Luego se llevaron a cabo juegos de presentación y de integración con todos los presentes, entre los que había niños, adolescentes y adultos.
Los juegos teatrales se organizaron sobre tres ejes: Corporeidad, a cargo de Estela Gómez y Andrea Barreto; Voz, a cargo de Mauricio Sariaga y Roque Carrasco; y Secuencia, con Ñoti Martínez y Ana María Barreiro.
Esta actividad tan emotiva fue una de las tantas que se vienen llevando adelante desde comienzo de este año, siendo el próximo paso el estreno de una nueva obra teatral de características inéditas para el lugar, que se estrenará el 25 del corriente, incorporando la multimedia como herramienta que complementa lo teatral, “con una complejidad técnica que nunca habíamos asumido y demandó muchísimo trabajo”, señaló Romero.
En definitiva, se trata de estar siempre en movimiento, porque como bien graficó Nicolari, “Galpón del Arte no tiene a una persona como dueña, Venado es la dueña. Venado y los teatreros de ayer, de hoy y de siempre”.


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